Por Domingo Fernández
Un oyente colombiano que nos escucha por radio nos ha escrito planteándonos lo siguiente: "La iglesia a que pertenezco tiene un pastor joven que nos dice: El culto sin palmadas y aplausos es un culto sin vida. Este planteamiento ha dividido nuestra congregación. Yo me he dado cuenta de que usted tiene una respuesta sensata para todo lo que le preguntan. ¿Que opina usted en relación con el culto amenizado con aplausos? Respuesta: Yo me convertí hace 62 años. He visto iglesias grandes y pequeñas. Unas fervientes en espíritu y otros tibias. Pero en el pasado no he visto iglesias que hayan amenizado sus cultos con aplausos. Y debemos preguntarnos si el culto con aplausos tendrá algo que ver con la anunciada apostasía de la iglesia.
En 1 de Juan 2:15, se nos dice: "No améis el mundo, ni las cosas que están en el mundo." Si alguno ama los métodos del mundo el amor del Padre no está en el.
En el pasado los templos se edificaban con el propósito de que en ellos se rindiese culto a Dios. Jesucristo nos enseña que solamente Dios es digno de recibir adoración. Y preguntamos: Los que pretenden amenizar el culto con aplausos ¿piensan que Dios está presente? ¿Si vieran presente a Dios se atreverían a aplaudir? La palabra "aplauso" se encuentra una sola vez en la Biblia; y no se refiere a aplauso de persona (Is. 55:12).
No hay una sola evidencia en la Biblia que nos diga o sugiera que la presencia del Señor haya motivado a un ser humano a aplaudir. Juan, el discípulo amado, nos dice que vio al Señor tal comos es ahora; "y cuando le vi - dice Juan en Ap. 1:17 - caí como muerto a sus pies". Y el profeta Isaías nos dice: "El año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime... entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto, porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de un pueblo de labios inmundos, han visto mis ojos al Rey Jehová de los ejércitos".
Una de las revelaciones más grandes sobre la alabanza al Señor en el futuro se encuentra en Ap. 5:8 al 14. Y no vemos en este pasaje palmadas y aplausos; lo que vemos es adoradores postrados delante del Señor.
Los aplausos tienen su lugar en la esfera seglar. Se aplaude en los congresos legislativos, en la tribuna política, en un teatro, en un salón social. Se aplaude al orador, al cómico, al artista, al mago, al payaso. Pero un templo no es un lugar apropiado para aplaudir ni para recibir aplausos.
¿A quién aplauden los que ahora quieren aplaudir en los cultos? A los que actúan frente a ellos. Y esto puede conducirnos a que en el templo no se conceda a Dios el primer lugar, sino a los que reciben los aplausos de la congregación. Un culto amenizado con aplausos ni tienen a Dios en primer lugar ni resulta agradable al Señor.