Por Mariano González V. La Biblia nunca falla. Al leer los profetas que vivieron, predicaron y escribieron hace miles de años, nos parece estar leyendo un texto de historia contemporánea, estar mirando las noticias en el televisor, CNN en la internet, o leyendo el periódico del día. ¡Apabulla lo contemporáneo de estos mensajes tan antiguos! Escribiendo hace dos milenios y medio, Isaías y Jeremías señalan que llegaría el día cuando Babilonia, Egipto, Asiria, Edom, Moab, Amón, Elam e Israel, resurgirían al concierto de las naciones como entidades políticas independientes. A ese cuadro del futuro, que es presente para nosotros, los profetas llamaron “los últimos días”. Los últimos días están aquí ya. Usted y yo los vivimos ahora. El determinismo histórico de los días que vivimos y que pre vivieron Isaías y Jeremías son una pasmosa realidad. Sin ser profeta, ni hijo de profeta, puedo ver que los años próximos van a ser los más interesantes y a la vez espeluznantes de su vida y la mía. Venga conmigo. Sentémonos un ratito con el viejo Jeremías y escuchemos sus sabias palabras dentro del contexto de hoy. “Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, ha dicho: He aquí que yo castigo a Amón dios de Tebas, a Faraón, a Egipto, y a sus dioses y a sus reyes; así a Faraón como a los que en él confían. Y los entregaré en mano de los que buscan su vida, en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia y en mano de sus siervos; pero después será habitado como en los días pasados, dice Jehová”. “¡Ay de ti, Moab! Pereció el pueblo de Quemos; porque tus hijos fueron puestos presos para cautividad, y tus hijas para cautiverio. Pero haré volver a los cautivos de Moab en lo postrero de los tiempos, dice Jehová”. “He aquí yo traigo sobre ti espanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, de todos tus alrededores; y seréis lanzados cada uno derecho hacia delante, y no habrá quien recoja a los fugitivos. Y después de esto haré volver a los cautivos de los hijos de Amón, dice Jehová”. “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que yo quiebro el arco de Elam, parte principal de su fortaleza . . . Pero acontecerá en los últimos días, que haré volver a los cautivos de Elam, dice Jehová” (Jeremías 46:25-26; 48:46-47; 49:5-6, 35, 39). Las naciones aquí mencionadas por Jeremías podrán no tener hoy el mismo nombre con que él las llamó, pero si conservan hoy la posición geográfica aproximada que tenían entonces. El Iraq de hoy ocupa la Mesopotamia donde estaba Asiria. El reino de Transjordania, con su capital Amman, se asienta sobre lo que Jeremías llamó Amón y Moab. Siria sigue siendo el Damasco del profeta. Israel y Egipto, por supuesto, conservan sus nombres y poco más o menos su misma ubicación. Lo que achoca a cualquiera es que por dos milenios y pico, ninguna de estas naciones gozó de independencia política como la que disfrutan hoy. Para algunas todo empezó hace sólo unos años, después de la Primera Guerra Mundial. Para otras empezó más tarde o sea después de la Segunda Guerra Mundial. Este es el caso de Siria, del Líbano y Trasjordania. El resurgimiento ha sido casi simultáneo. ¡Qué nadie lo trate de aguar explicándolo como coincidencia histórica! Es el más cuidadoso y detallado arreglo profético y la intervención maestra del dedo de Dios en los asuntos humanos. Dios es el Dios de la historia y del hombre. Conoce el fin desde el principio y ahora está anunciando el principio del fin. Según las implicaciones providenciales de lo que acontece en el Medio Oriente, hoy día al calendario de la historia le quedan pocos días ya. En días antiguos, los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. Isaías, Jeremías, Amós, Miqueas, Daniel y otros profetas detallaron vívidamente el curso y destino de las naciones en esa fajita que llamamos el Medio Oriente. Estudiando estos profetas y sus asombrosas predicciones, aprendemos que estas naciones de ayer serían preservadas o reaparecerían en la era presente para ser juzgadas y castigadas. Los profetas predijeron que algunas de ellas, como Egipto y Asiria, final y nacionalmente se convertirán a Jehová, y Dios las libraría de la aniquilación total. Isaías pincela la edad dorada para Egipto y Asiria de la siguiente manera: “En aquel tiempo Israel Será tercero con Egipto y con Asiria para bendición en medio de la tierra; porque Jehová de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel me heredad” (Isaías 19:24-25). Si bien, la conversión de Egipto, Asiria, e Israel yace todavía en el futuro, no hay lugar a dudas que en el Medio Oriente hoy se incuban las condiciones y se monta el escenario para el desarrollo de los eventos que anteceden a esta conversión nacional. ¡Qué Biblia más exacta! ¡Es un libro confiable! Es guía seguro para el que busca descifrar el rompecabezas de la historia. En esta edad de átomos y de viajes interplanetarios, en estos días de crisis petrolera, achicamiento del petrodólar, días de proyectiles polaris, bombarderos supersónicos, bombas de precisión, maniobreros políticos, tensiones internacionales, dominación intercontinental, piratería aérea, beatificación del terrorismo, inflación, recesión, terremotos por los lugares, ciclones, inundaciones, chantajistas inescrupulosos y toda otra suerte de espectacularidades, la Biblia sigue como antorcha iluminando el camino a seguir e indicando la dirección que lleva el destino. No queda mucho tiempo ya. La Biblia afirma que “el tiempo es corto y la venida del Señor se acerca”. Dice también que es menester buscar a Jehová mientras pueda ser hallado; que es hora de dejar nuestros malos caminos y nuestros perversos pensamientos. Aunque algunos han falsamente dado por sentado que Dios está muerto o que por lo menos se acostó a dormir desentendiéndose de los asuntos de aquí abajo, nosotros sabemos que no es así. Dios no está muerto, hablé con Él hace sólo unos momentos. Dios está activo e involucrado en el proceso de la historia y traerá a suceso lo que en su soberanía dictaminó desde antes de la constitución del mundo. Al fin Dios se reirá de sus adversarios. Siendo amor, y esto es mucho más que decir simplemente que ama, Dios tiene sumo interés en sus criaturas. Usted, Lector, siendo una de ellas, goza de toda la atención personal del Creador. No le dé más las espaldas envileciéndose. No raciocine más engañándose. No posponga más su venida a Él, perdiéndose. Eche todo por la borda y muévase en dirección de Dios. Él quiere recibirle y perdonarle. Dé los primeros pasos hacia Él hoy.