miércoles, 21 de septiembre de 2005
Cuenta una leyenda que la Muerte hizo un contrato con un hombre: la condición única, impuesta por el hombre, fue que ella le avisaría de su llegada con anticipación, para tener tiempo de prepararse. Pasaron muchos años, y ya un día la Muerte se presentó a nuestro hombre para llevárselo.
—Pero no me has avisado, —dijo el hombre.
—¿Que no te he avisado? —replicó la implacable visitadora— No sólo una vez, ni un sólo día, sino todos los días, y muchas veces.
—¿No has notado que tu vista se iba apagando poco a poco? ¿No has visto cómo tus cabellos han ido blanqueando? ¿No has sentido faltarte las fuerzas? Todo esto te avisaba que yo me iba acercando.
—Pero yo no pensaba así.
—Amigo mío: no es culpa mía que tú no pensaras en ello cuando debías haber reflexionado. Además, muchas veces ha sonado en tus oídos el doblar de las campanas que te decían con su lengua de bronce: "Ha muerto un semejante tuyo, y un día doblaremos también por ti." ¿No has visto con frecuencia pasar delante de ti comitivas fúnebres? ¿no has leído en los diarios públicos noticias y hasta listas de fallecidos?
—Hay más, —añadió aún la Muerte— ¿No ha visto qué deprisa se renuevan los años? Pues cada uno al morir, era un aviso para ti.

Querido lector: preparado o no, la Muerte vendrá a Ud. como a todo hijo de Adán. El gran secreto para vivir bien aquí y gozar de la presencia del Señor en la eternidad, es estar siempre preparado. Y el gran secreto para tener esta preparación, es rendir al Señor todo lo que uno es, sometiéndose a su voluntad. El que así vive, no necesita tener esos temores.
He aquí el gran secreto para vivir y morir bien: Creer con fe firme que los pecados están perdonados por la expiación que Cristo hizo por ellos en la cruz; tener la seguridad de que por la sangre de Cristo, no sólo está uno limpio de todo pecado, sino exento también de toda pena de ese pecado, pues la pagó ya el Señor Jesús; vivir según el Espíritu de Jesucristo y estar en comunión con él; renunciar a Satanás y al pecado. Estas cosas nos preparan para morir en paz.
Mas he de recordarle, querido lector, una cosa: No debe Ud. esperar hasta mañana para hacer todo esto, pues el mañana es la excusa del mal estudiante que quiere eludir sus deberes de hoy; es la excusa del mal pagador que cree que con esa dilación se exime de su deuda. "Mañana", es el consejo diabólico que a tantos tiene perdidos.

Está Ud. advertido, querido lector: Hoy, no mañana, debe Ud. acudir al Señor Jesús para arreglar este importante asunto. La Palabra de Dios dice: He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación (2Corintios 6:2).
El Salvador no le rechazará, pues el gran objeto de su venida a este mundo fue para demostrar su deseo de salvar al pecador; muriendo, el justo por los injustos para alcanzar delante de Dios un perdón amplio para cada pecador que viene con fe y gratitud a él.

Es el momento de arreglar con Dios y aceptar lo que dice en Juan 3:16 y puedas recibirle como un hijo recibe a su Padre que le da tremendo regalo ( La Vida Eterna) y la potestad para poder llamarse “hijo de Dios” Juan 1:12.
Tomado de El Sembrador México.
Publicado por asambleolmue @ 15:35
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