miércoles, 21 de septiembre de 2005
ES indudable que estamos frente a un enemigo muy astuto. Sabe que quien lee y entiende la Palabra de Dios, la Biblia, está a un paso de escapar de sus dominios y pertenecer total y eternamente a Dios.
Por esto, desde los inicios del tiempo ha diseñado estrategias para que la voz de Dios no sea entendida. El primer método que usó, fue citar en forma incorrecta a Dios, y esto lo hizo por miles de años, como nos lo demuestran muchas historias de la Biblia, siendo la más conocida la de la tentación del mismo Hijo de Dios, en los días de su carne, cuando citó, fuera de su contexto, una parte de la Escritura en cada uno de sus intentos por hacer que el Señor Jesucristo pecara.
Años después, cuando la Biblia comenzó a ser impresa en varios idiomas, intentó parar su divulgación persiguiendo y matando a los traductores y quemando las Biblias en plazas públicas. También, muchos lectores de las Sagradas Escrituras fueron llevados a la hoguera después de haber sido torturados para que delataran a sus hermanos, quienes como ellos, amaban y leían este Libro.
Ninguno de estos intentos logró sus objetivos, pues la Biblia llegó a ser el libro más leído en el mundo y el que había sido traducido en el mayor número de idiomas y dialectos.
Por tanto, Satanás cambió sus tácticas.
Por un lado, a los que les gusta leer y buscar la verdad, les ha propuesto que toda verdad es relativa y que sólo podrán encontrar algo que, en forma transitoria, satisfaga las condiciones del hoy que se vive.
Pero la estrategia más sutil, es la de destruir el gusto de la lectura. Los sistemas de educación y los métodos de enseñanza de hoy hacen énfasis en los elementos didácticos dirigidos a la vista, tanto así, que muchos no pueden entender un escrito si no hay dibujos y diagramas, y la lectura es tediosa si no hay abundantes ilustraciones. Además, los entretenimientos populares son la televisión, el nintendo y otros más que usan la vista.
¿Qué ha logrado? ¡Ya no hay afición a la lectura! Y esto, no sólo lo dicen los que leemos diariamente la Biblia, sino todos los que están relacionados con la publicación de material impreso.
Pero, ¿cuál es la meta de Satanás? Ciertamente no es la de llevar a la bancarrota a las librerías, sino la de hacer tediosa e improductiva la lectura, pues Dios escogió hablar con su criatura por medio de la Biblia, un libro escrito con palabras, con muchas palabras; palabras que presentan conceptos importantes y profundos.
Cuando Satanás logre esa meta, ya no tendrá necesidad de citar en forma incorrecta la Biblia, pues quien la lea no captará la verdad real que Dios desea trasmitir porque habrá perdido la habilidad de comprender la palabra escrita. Tampoco tendrá que quemar las Biblias si cada día son menos las personas que las leen, y menos aún las que tienen por costumbre leerla cada día.
Una voz de alerta
Si la Biblia deja de ser el libro más leído, enfrentaremos tres peligros:
Andar por senderos torcidos. La Palabra de Dios endereza y alumbra el camino de quien la escudriña y la obedece (Salmo 119:10,105).
Caer nuevamente en esclavitud, porque se oirá a los hombres y no a Dios; Valdrán más las tradiciones y costumbres que la verdad de Dios (Juan 8:31,32).
Perder utilidad para Dios. Las Escrituras son para estudiarse, entenderse y aplicarse directamente a nuestro diario vivir. Fueron inspiradas por Dios para prepararnos para toda buena obra (2 Timoteo 3:14-17).
Con esto Satanás estará logrando tres objetivos:
La santidad y muchas virtudes más dejarán de verse en los hijos de Dios. Los ciudadanos del cielo no serán diferentes de los hijos del maligno. ¿Y quién será luz en medio de la oscuridad (Filipenses 2:14-16)?
Las armas y los argumentos con que se defenderá la fe que se profesa, cada día serán más ineficientes, porque se usarán los diseñados por el hombre y no los propuestos por Dios en su Palabra (Efesios 6:13-17).
Se perderán dones como el de la profecía y la enseñanza, pues no habrá quien escudriñe con diligencia para ser apto para enseñar la Palabra de Dios. Entonces, ¿quien participará en la edificación del cuerpo de Cristo (Efesios 4:11-13)?
Discípulos como los Bereanos, quienes no han de aceptar lo que dice el hombre hasta que verifiquen que también es lo que dice Dios en las Escrituras (Hechos 17:10,11). Maestros, como Esdras, que han preparado su corazón para inquirir, cumplir y enseñar la Palabra de Dios (Esdras 7:10). Pastores, como Pedro, que ven la necesidad de dejar un testimonio escrito que sea útil, después de su partida, para despertar el limpio entendimiento de las ovejas puestas a su cuidado (2 Pedro 1:13-15; 3:1,2). Obedece la siguiente instrucción, como si fuera la del Señor cuyo retorno esperamos: "Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura" (1 Timoteo 4:13); y no pierdas esta bendición: "Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía" (Apocalipsis 1:3). Tomado de El Sembrador mx.
Publicado por asambleolmue @ 15:40
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