viernes, 07 de octubre de 2005
de la sabiduría y de la ciencia de Dios”

ESTA exclamación del apóstol Pablo (Ro. 11:33) debe brotar de los labios de toda criatura de Dios. En nuestra vida debe haber momentos en que nuestra mente ha sido iluminada por lo singular de sus designios y la precisión de sus actos.
No todos tendrán a su alcance un telescopio para mirar y medir el movimiento de las estrellas, ni un microscopio para admirar los tejidos del pétalo de una rosa. Pero todos tenemos un cuerpo, y, aunque nuestra mente no entienda las profundidades de las que habla un científico, sí podemos concluir que está maravillosamente hecho.
Cierto, no todos atribuyen la sabiduría y ciencia que ven en el cuerpo humano a la mano y el pensamiento de Dios, pero nadie niega la perfección de lo que observa.
Entonces, nos toca a nosotros ser ese puente entre lo que se conoce del cuerpo humano, y la sabiduría y la ciencia del Dios que lo creó.
En este tercer artículo de la serie queremos usar mucho de lo que las ciencias de la salud y de la vida enseñan, para presentar el glorioso evangelio de Cristo.
Sección A: LO QUE LA BIBLIA DICE
PARTIR del cuerpo humano, sus necesidades, sus enfermedades, sus proezas, para dar una lección sobre lo eterno, no es algo nuevo para los que leen la Biblia.
Recomendamos al lector ampliar la lista que a continuación empezamos.
Protección. Como cuidamos la niña de nuestros ojos, así deseamos que Dios cuide de nosotros (Sal. 17:8).
Limpieza. Como el hisopo limpia el intestino, así nuestra vida debe ser limpiada de todo pecado (Sal. 51:7).
Preparación. Como las manos que entiesan el arco y los dedos que preparan la flecha deben ser adiestrados, así nuestra vida y nuestros labios deben prepararse para luchar contra el pecado (Sal. 144:1).
Prioridades. La importancia del cuidado del corazón (en forma literal) para nuestra salud, no es menor que el cuidado de nuestro corazón (en forma figurada) para andar en santidad delante de Dios (Pr. 4:23).
Sutileza. Como el vino entra suavemente y después causa dolor, destrucción y muerte, así el pecado puede entrar, sin sentirlo, en nuestra vida (Pr. 23:31,32).
Curación. El pecado afecta nuestra vida y deja llagas que necesitan ser curadas (Is. 1:6).
Letárgica. El aumento de peso provoca trastornos al corazón, afecta los reflejos y reduce la movilidad. La ingratitud y el olvido, tienen el mismo efecto (Mt. 13:15).
Tentación, pecado, muerte. Se presenta aquí un símil con la gestación de un ser vivo (Stg. 1:14,15). La polémica sobre cuándo un acto es pecado a los ojos de Dios, tiene un paralelo con la discusión, con referencia al aborto, de cuándo se es un ser vivo.
Estudiar las estrategias de una campaña de salud, no es tiempo perdido para aquel que desea hablar de la enfermedad del pecado.
Cuando hablan del "asesino silencioso" (así llaman algunos a la presión arterial alta), nos instruyen a que examinemos con frecuencia nuestra presión. Dios nos pide que, cuantas veces podamos, nos examinemos delante de él. La ingratitud y el olvido son "asesinos silenciosos" que atacan a los hijos de Dios (1 Co. 11:28-30).
Las campañas contra la diabetes, hablan de ejercicio, buena alimentación y disciplina en la vida. Pablo, al instruir a su hijo en la fe, habla de lo mismo (1 Ti. 4:6-16).
Cuando se busca combatir el dengue, se señala al mosquito que transmite la enfermedad, dónde vive y cómo es que contagia. Se instruye a eliminar todo cacharro que pudiera almacenar agua donde éste se reproduzca y también se enseña cómo aislar al enfermo. Cuando buscamos combatir al pecado, ¿hablamos de los elementos que lo trasmiten y cómo podemos ser contaminados? ¿Educamos a nuestros hermanos para prevenir el contagio? ¿Qué hacemos con el enfermo? Dejamos al lector la tarea de encontrar estos paralelos en las instrucciones que tenemos en la Biblia.

Sección B: LA ESTRATEGIA DEL PREDICADOR
ENTRE las épocas históricas por las que el hombre ha pasado, en ninguna como en ésta se ha hecho tanto énfasis en el cuidado del cuerpo. La ciencia médica también ha hecho un giro notable marcando hoy, como su principal objetivo, el prevenir las enfermedades. Hace algunos años, sólo pensaba en curarlas.
Todo esto presenta un campo fértil de símiles y lecciones que el predicador puede usar para convencer del cuidado del alma a quien ya está convencido del cuidado del cuerpo.
Pensemos en tres casos típicos:
1. El que sufrió un accidente
Un accidentado no puede argumentar que no necesita ayuda. Tampoco es conveniente aplazar el momento para ser atendido.
Pensemos en paralelos entre los que han sido heridos por el pecado y el que sufre un accidente en el trabajo o en la carretera.
a) No hay que convencerlo de que necesita ayuda. Ya se dio cuenta que está viajando rumbo al infierno. Ya sabe que perdió el gozo de su salvación, o está consciente que perdió utilidad ante Dios. Por tanto, no perdamos tiempo exhortando y explicando lo horrendo de su situación (Jd. 23).
b) Lo importante es que esté en las manos de los paramédicos quienes vigilarán que sus signos vitales no se extingan y que la situación no se complique. Este es nuestro trabajo, mientras accidentado (pecador) y médico (Dios) se ponen en contacto (1 Ts. 2:7,8).
c) Habrá órganos y tejidos que reparar, heridas que suturar y se necesitará la mano de un experto. Aquí, el consejo es: No queramos hacer lo que le corresponde a Dios y su Palabra (Hch. 20:32).
d) Tendrá que pasar por un proceso de rehabilitación donde el traumatólogo indicará al enfermo y familiares qué hacer. Nuevamente encontramos trabajo como hermanos en Cristo del enfermo (Gá. 6:1).
e) Se tendrán que establecer y obedecer normas de seguridad para que el accidente no vuelva a acontecer. Un paso importante que, tanto en el símil como en la realidad, no siempre se lleva a cabo, y los accidentes continúan (1 Ti. 1:3-7).
2. El que está enfermo
A diferencia del primero, muchos están enfermos, pero no se sienten enfermos y por tanto no buscan ayuda para su enfermedad.
Aquí, la importancia no está en llamar a los servicios de emergencia, sino en platicar con el paciente para que reconozca su enfermedad y busque ayuda (2 Ti. 4:1,2).
Una lección que aprender: no presentemos sermones sobre la forma de curar la enfermedad del pecado a un público que se siente sano. Necesitamos, primero, hablar de la enfermedad del pecado, sus síntomas, sus características y sus peligros.
3. El que desea conservar su salud
Aquí estamos pensando en los que han sido alcanzados por la gracia de Dios y, limpios del pecado, desean conservar su santidad y andar rectamente delante de Dios.
Tres recomendaciones de los expertos en salud, tienen un paralelo importante:
a) Ejercicio. La actividad mantiene la condición del cuerpo porque elimina toxinas y tonifica el corazón. Mantenerse activo delante de Dios, tiene los mismos resultados. Si alguien deja de orar, de servir y de testificar, está propenso a sufrir un accidente o ser víctima de una enfermedad.
b) Alimentación. Una dieta balanceada es otro punto que subrayan para una vida sana y productiva. Lo que vemos, leemos y oímos tiene el mismo efecto para nuestra vida delante de Dios, como lo tienen los hábitos alimenticios y otras costumbres para con nuestra vida física. Por ejemplo: el peligro para el fumador pasivo (el que no fuma, pero está con los que fuman) tiene un símil interesante (1Co. 15:33).
c) Exámenes de rutina. La visita rutinaria al médico, muchas veces revela una costilla fracturada, la mala función de un órgano o un riesgo de salud del que no se estaba consciente. Examíname, oh Dios,... (Sal 139:23), es una oración que debemos hacer con más regularidad. ¿Así lo hacemos? ¿Así lo enseñamos?
RESUMEN
El cuidado del cuerpo, tiene muchos paralelos con el cuidado del alma porque ambos tienen el mismo Creador. Lo importante es aprender de lo primero, para aplicarlo a lo segundo. Recordemos que el cuerpo es mortal, pero el alma es eterna. Ésta es la razón de dar más importancia a lo segundo.
¿Cuánto tiempo dedica a cuidar su cuerpo vistiéndolo, alimentándolo, ejercitándolo y cuidando de su aspecto? ¿Cuánto tiempo dedica a su alma?
Tomado de Folletos de El Sembrador www.elsembrador.org.mx
Publicado por Desconocido @ 18:56
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