martes, 01 de noviembre de 2005
Las palabras que citamos (Tit. 3:4) nos recuerdan que el primer atributo divino que Dios busca que sus criaturas conozcan, es su bondad. Desde la creación hasta la cruz, vemos cómo la bondad de Dios provee todo lo que sus hijos necesitan a pesar de su incredulidad y obstinación.
En los artículos que presentaremos en este Suplemento durante 1999, comentaremos cómo poder hablar de Dios a personas que no leen la Biblia, y tienen escaso o nulo conocimiento de Dios.
Una historia de la Biblia, una cita, unas palabras extraídas de ella, aunque sean de mucho valor y significado para nosotros, no despertarán el oído ni interesarán al ciudadano de hoy, inmerso es sí mismo y dedicado a la búsqueda de lo que él ha definido como prioritario.
Las estadísticas en todas las naciones llamadas cristianas demuestran que la asistencia a centros religiosos de cualquier credo llamado cristiano ha disminuido estrepitosamente en la última década. Entonces, las estrategias de los que evangelizan deben cambiar.
Se debe empezar partiendo de algo que es común, tanto para el que habla como para el que escucha. La Biblia, en muchos casos, ya no lo es, pues el que oye nunca la ha leído. La obra de Cristo, para muchos, se reduce a eventos relacionados con días feriados como Navidad y Semana Santa, y tampoco puede usarse como un punto de partida.
Nos queda la alternativa que usó el apóstol Pablo al dirigirse a gentiles (Hch. 14:15-17; 17:22-31). Para él, el punto de partida fue la creación, pues todos vemos el mismo cielo y recibimos la misma lluvia y vemos cómo la tierra da sus productos.
Estaremos, pues, viendo la creación y las lecciones que de ella podemos extraer para presentar así al Dios que amamos y compartir las bendiciones que de él disfrutamos.
Sección A: LO QUE LA BIBLIA DICE
La BONDAD de Dios la vemos cuando formó al hombre y proveyó todo lo necesario para su bienestar, especialmente su compañera idónea. Después, observamos cómo Dios presentó su plan de salvación, pasando por alto la desobediencia de Adán y Eva (Gn. 3:15).
Pero, sentimos que la Biblia señala que Dios escogió, como su método para manifestar su bondad al incrédulo y rebelde, los ciclos del sol y la lluvia (Mt. 5:45).
En estos ciclos observamos tres cosas importantes
a) No se hace distinción de personas.
b) Hay continuidad y consistencia.
c) Hay perfección en su diseño original.
Antes de pensar en los ciclos que la Biblia menciona, veamos qué nos dice sobre la bondad de Dios.
1. Por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre (Sal. 68:10).
El salmista recordaba a Israel atravesando el desierto, y piensa en el Sinaí donde se mostró la santidad de Dios; pero también en la tierra prometida que fluía leche y miel y en donde el pobre hallaría sustento (Lv. 23:22).
2. Proclamarán la memoria de tu inmensa bondad (Sal. 145:7).
En este salmo, David está pensando en las muchas facetas del poder de Dios vistas en su creación. Señala que el poder de Dios no produjo obras portentosas que espantan o aterran, ni que hacen sentir su soberanía y obligan a la obediencia. Esto lo hacen los poderosos de la tierra. Dios muestra su poder en obras maravillosas que fueron diseñadas para el bienestar de sus criaturas. El salmista testifica esto de su Dios: Abres tu mano, y colmas de bendición a todo ser viviente (Sal. 145:16).
3. Se deleitaron en tu gran bondad (Neh. 9:25).
Esdras recuerda la historia de Israel y testifica que fue la bondad de Dios que colmó de bendiciones a un pueblo que no las merecía. Vez tras vez el pueblo desobedecía, y perdía las bendiciones que eran para el pueblo fiel, pero Dios, en su misericordia, escuchaba el clamor del pueblo y enviaba quien pudiera librarles de su opresión.
4. ¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen! (Sal. 31:19).
El salmista, que veía cómo la bondad de Dios se derramaba sobre justos e injustos, ve aún más grande la bondad de Dios para con los que le obedecen. Nosotros que somos su pueblo, hemos de agradecer el sol, la lluvia, el fruto de la tierra,... pero más, las bendiciones que son nuestras en Cristo.
5. Para mostrar...en su bondad...en Cristo Jesús (Ef. 2:7).
Pablo, con más luz sobre este tema que el salmista, nos lleva a la más grande manifestación de la bondad de Dios: Cristo Jesús (Tit. 3:4,5).
Sección B: LA ESTRATEGIA DEL PREDICADOR
Observe los puntos que resaltamos en el artículo correspondiente de “El Sembrador”:
1. La bondad de Dios que promete que los ciclos sementera/siega, frío/calor, verano/invierno, día/noche, no cesarán mientras permanezca la tierra (Gn. 8:22).
2. La bondad de Dios que piensa en el pobre y en el extranjero, y da leyes justas con respecto al uso y la tenencia de la tierra para que tengan un nuevo inicio (Lv. 23:22; 25:13-28).
3. Las instrucciones de Dios de dar descanso a la tierra para que ésta no pierda su fuerza (Lv. 25:3-7).
Estamos pensando en temas y experiencias comunes a todos y en las que los más estarán interesados:

1. El clima. Sus trastornos y las consecuencias de éstos: sequías o inundaciones.
Es obvio que el hombre no ha cuidado de la tierra que Dios puso a su cuidado. El hombre ha destruido muchos ciclos en la flora y fauna añadiendo o eliminando especies. También ha provocado desequilibrios en otros ciclos como el del oxígeno/carbono; el hombre está produciendo más carbono que el que las plantas pueden convertir en oxígeno.
Todo esto tiene sus consecuencias: los ciclos que Dios prometió aún siguen, pero ahora sus efectos son severos y sus variaciones extremas.
Esto nos permite señalar que el pecado tiene consecuencias irreversibles que el hombre tal vez podrá controlar, pero nunca eliminar. Hay quienes, por disciplina personal, dejan algún vicio o controlan algún rasgo de su carácter; pero sólo el poder de Dios los puede hacer nuevas criaturas, así como Dios hará nuevos cielos y nueva tierra.

2. La tenencia de la tierra. Relacionando esto con la opresión del rico sobre el pobre.
El principio que Dios quiso enseñar a su pueblo es que el reparto de la tierra ha de ser equitativo (Jos. 1:6), pero que lo que reciben como heredad es el fruto que de ella pueden cosechar, no la tierra propiamente dicha. Si alguien empobrecía y la tierra era vendida, al cabo de una generación (50 años), la tierra regresaría a los hijos porque éstos no tenían la culpa de los errores de sus padres. Unido a esto está la lección de que la tierra necesita descanso. Esto es parte del ciclo de la vida y todo ser vivo necesita descansar para recuperar sus fuerzas. El hombre necesita también de un día en siete para pensar en Dios.
Cuando el día del Señor (domingo) se volvió día del hombre y éste lo usó para sus propios fines y no para estar con Dios, los pueblos se vieron envueltos en violencia y los valores éticos y morales se perdieron. Cuando la tierra dejó de tener su descanso sabático, perdió su valor y bajó su nivel de productividad, aparecieron plagas y enfermedades que afectan el valor de las cosechas.

3. El cuidado de los pobres. El Señor Jesús dijo: Siempre tendréis pobres con vosotros (Mt. 26:11). Por esto proveyó para ellos en las leyes de su pueblo.
No proponemos que sería de algún beneficio aplicar hoy estas leyes, porque durante el tiempo que dejaron de aplicarse, los principios éticos y morales del hombre han cambiado, y además, los pobres están ahora concentrados en las ciudades donde no hay huertos ni sementeras que pudieran visitar. Sí es importante señalar que Dios pensó en ellos y hay historias como la de Noemí y Rut que testifican que nunca faltó su provisión.
RESUMEN
Al hablar de la bondad de Dios proponemos que es importante hacer resaltar los siguientes principios:
a) Dios muestra su bondad por igual a todos los hombres sin distinción alguna. La lluvia y el sol, así como la salvación, son para todos.

b) Todo lo que en su bondad Dios ofrece al hombre, tiene reglas para obtener los máximos beneficios. La tierra necesita descanso, las plantas agua y abono y los animales, ser cuidados; y la vida eterna, de nuestra fe y obediencia.

c) Ser receptores de las bondades de Dios, implica responsabilidad. El que tenía una tierra que cultivar, debía entregar sus primicias a Dios y compartir su cosecha con el pobre y el extranjero; el que tiene a Cristo debe vivir para Dios y compartir el evangelio con otros
Estudie más sobre este tema partiendo del mismo punto de vista. Le será útil al predicar el evangelio.

Tomado de www.elsembrador.org.mx
Publicado por asambleolmue @ 16:42
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por bianca
martes, 23 de junio de 2009 | 17:27
me gusta la manera como explican sobre Dios