Las primeras palabras de la Biblia son: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra." De aquí deducimos que la Biblia no busca probar la existencia de Dios. Presenta a Dios como una alternativa auténtica a aquellos que andan perdidos en el laberinto de la vida.
En estas páginas buscaremos convencerlo de que la Biblia contiene un mensaje importante de un Dios que existe, que también es nuestro Creador a quien debemos nuestra existencia.
Es muy natural que el Creador se quiera comunicar con sus criaturas, y también es razonable que conocer a Dios y disfrutar de su amistad sea la meta principal de esas criaturas.
No es fácil alcanzar la meta porque hay un gran obstáculo en el camino. Lo que nos impide llegar a Dios puede describirse con una palabra: pecado; sin embargo, aunque hay una variedad casi infinita de pecados que nos alejan de Dios, estos se resumen en uno: incredulidad.
Hay personas que se sienten completamente felices sin Dios, pero tarde o temprano despertarán a la realidad de que su aparente satisfacción es una ilusión. En el fondo de su ser hay un vacío que sólo Dios puede llenar.
Estas personas o afirman que Dios no existe o nos aseguran que Dios simplemente no cabe en sus planes, sus proyectos o su concepto de lo que es la vida. Efectivamente, una persona puede estar tan absorbida por su familia, sus posesiones o su trabajo que piensa que no tiene tiempo para Dios. Dice: "Para mí, Dios no existe", pero sus palabras no tienen fuerza suficiente para desaparecer la realidad de Dios y el hecho de que está establecido a los hombres morir una vez para luego pasar a rendir cuentas a su Creador.
Otros son religiosos, muy religiosos. Saben mucho acerca de Dios, han leído la Biblia y otros libros teológicos, asisten con regularidad a la iglesia y participan en toda clase de actividades religiosas, tienen fama de ser personas piadosas, pero a pesar de todo no tienen conocimiento personal ni relación vital con Dios. La mucha actividad es un esfuerzo desesperado para satisfacer la sed que sólo el Dios Creador puede calmar.
Conocer al Dios que se revela en la Biblia es equivalente a tener vida eterna (Juan 17:3), pero debemos estar seguros de que conocemos al Dios de la Biblia. No se trata de "nuestro concepto" de Dios o de una caricatura del Dios verdadero que es fruto de la imaginación humana.
Si usted busca a Dios le invitamos a seguir leyendo y a acatar el consejo que recibió el santo Job: Vuelve ahora en amistad con él (Dios), y tendrás paz; y por ello te vendrá bien (Job 22:21).
DIOS
La característica principal de nuestro Creador es esta: "Dios es amor." Dios nos ama, nos entiende y quiere comunicarnos sus propósitos. El amor verdadero se demuestra con acciones, y en el pasaje más citado de la Biblia encontramos esta gran verdad: De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16).
El amor es parte de la naturaleza de Dios. El no es, como muchos piensan, un policía que patrulla por todo el universo para marcar el alto a las actividades que producen placer. Es todo lo contrario. Dios nos ama y nos quiere bendecir, nos quiere dar felicidad verdadera.
Pero el Dios que se revela en la Biblia es santo y justo. Muchos creen que ser santo es sinónimo de ser "raro" o "extraño". La palabra trae a la mente la imagen de un monje con indumentaria de la edad media.
Al afirmar que Dios es santo, la Biblia nos quiere decir que es sin defecto, sin maldad, que es la esencia de la pureza; que él mismo es la norma de lo que es bueno. Los diez mandamientos son una expresión de su naturaleza moral. En un sentido, Dios es como una suprema corte perfecta. Su propia vida es la norma que mide toda conducta. Dios es el Juez que dicta sentencia contra todos los que no "dan la medida" de esa perfección.
YO
En los albores de la historia fue idea de Dios crear al hombre. El Creador puso muchas de sus cualidades en cada uno de nosotros: podemos razonar, saber y actuar libremente. Nosotros también podemos amar. El hombre tiene una relación muy especial con Dios. Ninguna forma de vida comparte los privilegios del hombre. Vemos esta relación en el jardín del Edén: Dios y el hombre en comunión. Sólo en esta relación puede el hombre disfrutar felicidad verdadera y sentir que cumple plenamente el propósito para el cual fue creado.
Pero la gran tragedia personal y de la historia humana es que las condiciones del Edén ya no existen. No hay comunión plena con Dios: hay rebelión. Uno de los profetas lo expresa así: Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino (Isaías 53:6).
En vez de vivir en comunión con Dios, hemos elegido rebelarnos. Todos los hombres lo han hecho; es una actitud universal. Por supuesto, no todos levantan el puño en rebelión abierta. La gran mayoría manifiesta su rebelión en forma pasiva: No toman en cuenta a Dios y viven su vida como si Dios no existiera.
Alguien ha dicho: "Hemos repudiado al Dios vivo y verdadero y hemos asumido sus atribuciones. Nos sentimos dueños de nuestro destino. Elegimos nuestro camino y aún nos creemos con el derecho de decidir qué es bueno y qué es malo." Básicamente, ésta es una definición bíblica de pecado. Es negarle a Dios el derecho de ser Dios en nuestra vida. Los "pecados" que cometemos: robar, mentir, etc., son los síntomas de esta actitud equivocada.
Las consecuencias de este pecado son dos:
SEPARACIÓN DE DIOS. Este es el sentido de la palabra muerte que encontramos en Génesis 3. Nuestras iniquidades han hecho división entre nosotros y Dios (Isaías 59:2). Somos como un avión que vuela sobre el aeropuerto en medio de la neblina o en la oscuridad. No hay contacto visual con la tierra y el radio receptor no funciona. La situación es trágica.
CONDENACIÓN ETERNA. Dios afirma: la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23). El es el Juez de toda la tierra y como tal no puede solapar el pecado. La sociedad no aprobaría la conducta de un juez que no condenara al homicida o al ladrón. Un juez justo tiene la obligación de castigar todo delito con un castigo en proporción con la falta. Dios castiga la rebelión del hombre desterrándolo para siempre de su presencia.
DIOS Y YO
Pero, a pesar del pecado, Dios nos sigue amando. Esta es la maravilla del amor divino. Nos ama tanto que ha dado los pasos necesarios para restaurar la comunión perdida. Para lograrlo, él mismo se hizo hombre en la persona de Jesucristo. Dios hizo una visita personal a nuestro planeta cuando Jesús nació en un establo. Vino a abrir un camino para que el hombre regresara a la comunión con su Creador.
Cristo vivió una vida perfecta sobre esta tierra. Cuatro evangelistas atestiguan de su pureza, su compasión hacia el desvalido, su poder para sanar y vencer el mal. Enseñó que él era la respuesta a la necesidad del hombre: era pan para el hambriento, el único camino a Dios y el que podía perdonar y dar vida eterna (Juan 6:35; 14:6).
Tras tres años de enseñanza pública fue arrestado y crucificado. Para él, esto no fue una sorpresa. Muchas veces dijo que había venido para morir. En cierta ocasión dijo a sus discípulos que vino a dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45). Su muerte fue el pago que la justicia exigía por nuestro pecado. Murió por nosotros, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios (1 Pedro 3:18). Sobre esta base Dios nos puede perdonar.
Tres días después de su muerte venció a la muerte misma y resucitó del sepulcro. Hoy vive y ofrece a cuantos escuchan su llamado, una nueva vida de comunión con Dios. Estas son sus palabras: Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Juan 10:10).
¿Qué debe hacer el hombre para que estas bendiciones sean suyas? Tres cosas:
1. Debe reconocer su necesidad y debe estar dispuesto a abandonar su pecado. Dios no pide que hagamos una limpieza general en nuestra vida para que luego nos perdone. La auto-reforma no restaurará la comunión con Dios. Es necesario reconocer nuestro pecado, nuestra culpa y nuestra debilidad, pero sobre todo es necesario renunciar a nuestra rebelión contra Dios. Este es el verdadero significado de arrepentimiento.
2. Debe creer que Cristo murió por él; que pagó lo que el hombre debía; que resucitó y regresó al cielo y que ofrece vida y perdón a quienes quieran recibirlos.
3. Debe recibir a Cristo personalmente como Salvador y Señor. Esto se hace extendiéndole una invitación sincera, sencilla y genuina, a que ocupe el primer lugar en nuestra vida.
Cristo compara nuestra vida a una casa y él está afuera. Está a la puerta y llama pidiendo permiso para entrar (Apocalipsis 3:20). Pudiera derribar la puerta y entrar a la fuerza -la casa es suya-, pero no lo hará. Espera que el inquilino abra la puerta y le dé la bienvenida.
Si usted abre la puerta y le entrega el control de su cuerpo, su mente y su alma, él entrará, limpiará y restaurará su vida. Si alguno está en Cristo, nueva criatura es (2 Corintios 5:17). El apóstol Juan escribió estas palabras: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12). Reconozca su necesidad, crea en Cristo y recíbalo hoy como su Salvador y Señor. Esto es lo que debe hacer. Nadie puede hacerlo por usted.
LOS ATRIBUTOS DIVINOS
Dios es Espíritu (Juan 4:24). Por esto, no serán mis poderes mentales sino mi espíritu el que pueda adorarle (Juan 4:23); conocerle (1 Corintios 2:10-13) y comunicarse con él (Romanos 8:26; Gálatas 4:6).
Dios es Invisible (1 Timoteo 1:17). Es por esto que prohibió se hicieran imágenes de él (Éxodo 20:4). También es por esto que Cristo tuvo que revelarle (Juan 1:18), y que será mi fe y no mis sentidos lo que pueda comprender y captar la imagen de Dios (Hebreos 11:3).
Dios es Supremo (Salmo 95:3); Omnipotente (Job 42:2); Omnisciente (Salmo 139:1-4); Omnipresente (Jeremías 23:24) y Eterno (Deuteronomio 33:27). Estos atributos son consecuencia inmediata de cualquier concepto de Dios, ya que si hay una limitante o algo que sea mayor, Dios no sería Dios. Dios es Inmutable (Hebreos 6:17,18). Ni Dios, ni sus promesas pueden cambiar. Dios es Luz (1 Juan 1:5). Esto nos dice que es capaz de revelarse a sí mismo (Lucas 2:32).
Dios es Justo (Salmo 7:11). Como creador del universo, es necesariamente su Gobernante, y consecuentemente debe ser Juez justo (Génesis 18:25).
Dios es Santo (Salmo 99:5,9). Como Justo juzga el pecado, como Santo, aborrece el pecado, pero:
Dios es Amor (1 Juan 4:8). Por esto ha buscado la forma de poder perdonar al pecador. Por esto hubo un Calvario y una cruz. Por esto Cristo murió (Romanos 5:8) y murió expresamente para salvarlo a usted.
Creer que hay un Dios, es creer todo esto, mayormente que, porque es amor, envió a su Hijo unigénito al mundo, no para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Juan 3:17).
Desconocemos al autor: pero rogamos a Dios le Bendiga por su ayuda mebi.