martes, 26 de septiembre de 2006
A continuación encontrará usted diez razones que hemos escuchado de labios de personas que creen que van al cielo. Léalas con cuidado y señale las que considere buenas.
1. Procuro guardar los diez mandamientos.
2. Soy mejor que mis vecinos.
3. Nací en un hogar cristiano.
4. He sido bautizado.
5. Soy miembro de la iglesia.
6. Doy diezmos y ofrendas a la iglesia.
7. Asisto a la iglesia con regularidad.
8. Leo la Biblia diariamente.
9. He servido mucho al Señor.
10. Espero que Dios así lo disponga.
Ahora le invitamos a seguir leyendo para ver cómo califica la Biblia cada una de estas razones. Queremos que usted se cerciore si está transitando por el camino que le llevará al cielo. Le conviene estar seguro.

LOS DIEZ CAMINOS EXAMINADOS POR LA BIBLIA
1. PROCURO GUARDAR LOS DIEZ MANDAMIENTOS
La Biblia dice: Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado (Romanos 3:20). Es un hecho que el hombre no puede guardar la ley y el procurar hacerlo no basta. Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos (Santiago 2:10).
2. SOY MEJOR QUE MIS VECINOS
Es posible que usted sea mucho mejor que sus vecinos, pero la Biblia dice: Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Aunque sean pocos sus pecados, son suficientes para impedirle entrar en la presencia del Dios santísimo.
3. NACÍ EN UN HOGAR CRISTIANO
¡Dichosos los que nacen en un hogar cristiano! ¡Felices aquellos que desde su infancia oyen las oraciones de sus padres y la lectura de la Palabra de Dios! Pero esto no franqueará la entrada al cielo. Los niños nacidos en hogares cristianos deben “nacer otra vez” para entrar en el reino de Dios. Los hijos de Dios no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios (Juan 1:13). Esto nos dice que no podemos heredar la salvación de nuestros padres. Dios no tiene nietos, sólo hijos.
4. HE SIDO BAUTIZADO
El bautismo es un mandamiento para el que ya es salvo; para los que han recibido la palabra (Hechos 2:41); para los que creen de todo corazón (Hechos 8:37). El bautismo no beneficia al hombre inconverso ni al infante. Esta ceremonia nunca ha abierto a nadie las puertas del cielo, ni fue dada para tal fin.
5. SOY MIEMBRO DE UNA IGLESIA
Ser miembro de una iglesia es una cosa muy buena en sí, pero tendremos que reconocer que hay muchos nombres asentados en las listas de miembros de iglesias aquí en la tierra que no están inscritos en el Libro de la Vida del Cordero. El pastor, los ancianos, cartas de recomendación u otras influencias le asegurarán membresía en una iglesia terrenal, pero Dios sólo añade a la iglesia verdadera a los salvos (Hechos 2:47).
6. DOY DIEZMOS Y OFRENDAS A LA IGLESIA
Dios recompensa a los que ofrendan de sus bienes para llevar a cabo su obra acá en la tierra, pero estas ofrendas deben venir de aquellos que primeramente se han dado a sí mismos al Señor (2 Corintios 8:5). Los diezmos y ofrendas no compran la entrada al cielo. La redención del alma es de gran precio y no hay suficiente tesoro en todo el mundo para redimir a un solo pecador. La salvación es don de Dios.
7. ASISTO A LA IGLESIA CON REGULARIDAD
Es un privilegio y deber de todo cristiano el congregarse con aquellos que comparten su fe y devoción. Pero, el hecho de asistir con puntualidad y reverencia a la iglesia, así como otras obras buenas que podríamos enumerar, no nos hacen merecedores del cielo. Vea usted cómo estima Dios esta clase de acciones: Todas nuestras justicias como trapo de inmundicia (Isaías 64:6). Fíjese que no son los pecados, sino las justicias que Dios ve como trapo de inmundicia. Las mejores acciones, hechas por un pecador, no le abrirán las puertas del cielo.
8. LEO LA BIBLIA DIARIAMENTE
Leer la Biblia con regularidad y devoción es la mejor de las costumbres, pero el solo hecho de leer la Biblia no trae la salvación. Si posee una Biblia preste mucha atención a las enseñanzas que contiene. La lectura de la Biblia no borrará sus pecados, pero sí le hará sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús (2 Timoteo 3:16).

9. HE SERVIDO MUCHO AL SEÑOR
Vea usted el gran desengaño de quienes piensan que por sus actividades religiosas merecen entrar a la gloria. El Señor Jesús dice:
Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad (Mateo 7:22,23).
10. ESPERO QUE DIOS ASÍ LO DISPONGA
Muchas son la personas que fundan sus esperanzas de ir al cielo en la idea que “Dios es amor” y por lo tanto no castigará a ninguna de sus criaturas en el infierno sino que, al fin de cuentas, tendrá misericordia y les dará la entrada al cielo. ¡Terrible error por sus funestas consecuencias! La Biblia no enseña que Dios condenará al hombre después de la muerte. Nos dice que el hombre ya ha sido condenado (Juan 3:18). Dios muestra su amor proveyendo la salvación que costó la muerte de su Hijo amado y el pecador es el único responsable si recibe el castigo habiendo despreciado la salvación. Dios creó al hombre con habilidad para discernir y voluntad para escoger. A usted, no a Dios, le toca determinar dónde estará en la eternidad.

EL ÚNICO CAMINO
Todos los caminos al cielo que hemos examinado son propuestas hechas por el hombre, por lo tanto, ninguno de ellos lleva al cielo. ¿Será posible saber con certidumbre cómo podremos llegar al cielo? Sí, es posible. Prestemos atención a lo que dice Jesucristo, el Hijo de Dios:
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Juan 14:6).
Si alguna de las cosas enumeradas en la página cinco pudiera llevarnos al cielo, no hubiese sido necesario el sacrificio de Cristo. Dios permitió la muerte de su Hijo amado porque ese es el único medio por el cual puede perdonar al pecador y abrirle las puertas del cielo. Cristo sabía que no había otro medio de salvación y por eso vino al mundo a morir: el justo por los injustos, para llevarnos a Dios (1 Pedro 3:18).
Pero no es suficiente conocer el camino: es necesario andar por él. El primer paso es ARREPENTIRSE. Esto significa cambiar de pensamiento, dar media vuelta. Al hacer esto usted dejará el camino que lleva hoy, dejará de confiar en las obras muertas ya enumeradas y le dará la espalda al mundo y al pecado.
El segundo paso es ACEPTAR a Cristo como Señor y AGRADECER la salvación que él compró en la cruz. Esto se hace acudiendo a él, reconociendo nuestra falta de méritos y nuestro pecado e implorando la gracia y la misericordia de Dios. El que así viene a Dios puede estar seguro de ser oído. El Señor Jesús dice: Al que a mí viene, no le echo fuera (Juan 6:37). La Palabra de Dios asegura que: Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo (Romanos 10:13).
Clame a él, crea en su persona, confíe en su promesa y entonces estará en el camino que le llevará al cielo.
Citamos, en conclusión, uno de los muchos versículos que usted puede tomar como base firme de su salvación. Escriba su nombre en el espacio que está en blanco y así tendrá una buena razón, fundada en la Palabra de Dios, para anticipar una eternidad feliz.

Desconocemos al autor: pero rogamos a Dios le Bendiga por su ayuda mebi.
Publicado por asambleolmue @ 16:53
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Comentarios
Publicado por Alberto de jesus
jueves, 15 de octubre de 2009 | 0:43
jesucristo lo dijo,el es el unico camino a el cielo.entonces id por ese camino