martes, 10 de octubre de 2006
Si usted ya creyó en Cristo, un cambio notable se ha operado en su vida y en su futuro. Observar este cambio lo hará sentirse seguro, comprenderlo lo hará agradecido y aprovecharlo lo hará feliz.
Si usted ya creyó en Cristo, tiene una vida por delante y querrá, sin duda, vivirla en tal forma que agrade a Dios. ¿Cómo hacerlo? No hay otra forma de sacar el mejor provecho de una máquina que sentarse a leer el instructivo y tratar de conocer todo lo que ésta puede hacer para después tratar de dominar todas sus operaciones.
Si usted ya creyó en Cristo, ha recibido de Dios muchas cosas nuevas. Buscamos ayudarle a conocer, comprender y aprovechar al máximo estas dádivas divinas.
CONOCIENDO EL CAMBIO
¿Qué pasó cuando usted creyó en Cristo? Dios operó un cambio jurídico, un cambio mental y un cambio ambiental. No es difícil encontrar un símil del primero: Una corte, un juez y una sentencia pueden operar este cambio. Para el último pensemos en el cambio que se efectúa cuando un pequeño va de un orfanatorio a un hogar donde es recibido como hijo.
De acuerdo con cada símil, el primer cambio es instantáneo, sucede cuando se escucha la sentencia. El segundo cambio tal vez tarde muchos años en aparecer, pero hay cambios, aunque pequeños, que pueden verse día a día en un estudiante. El último símil, para que el cambio sea benéfico, debe ser apreciado y aprovechado.
Dejemos las tres figuras y examinemos el caso real. Contestemos la pregunta: Cuando yo confesé a Cristo como Señor y Salvador, ¿qué pasó?
1. CON MI ALMA
Antes: Vivo yo, dice Jehová el Señor,...el alma que pecare, esa morirá (Ezequiel 18:3,4).
Hoy: Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano (Juan 10:27,28).
¿Por qué?
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida (Juan 5:24).
Resumiendo lo anterior: antes mi alma estaba condenada a morir a causa de su pecado; hoy está libre de esa condenación y lo estará eternamente.
Dios operó en mí un cambio instantáneo, completo e irreversible. Mi condición jurídica ante Dios cambió de condenado a perdonado.
2. CON MI CORAZÓN Antes:
Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal (Génesis 6:5).
Hoy: Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios (Colosenses 3:1)
¿Por qué?
Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Colosenses. 3:3).
Antes, mi corazón buscaba y mi mente pensaba sólo en el mal; hoy, porque tengo vida nueva, soy capaz de andar en un camino muy distinto, un camino que es Cristo (Juan 14:6).
Dios quitó mi debilidad y ha puesto a mi alcance lo necesario para triunfar contra el mal. El cambio, en su forma completa, tardará en notarse, pero, si lo busco, podré encontrar pequeños cambios cada día que deletrean "progreso". Dios cambió mi corazón viciado que rodaba hacia el mal y hacia la perdición, por un corazón que anhela lo bueno y que tiene los recursos para lograr sus metas. Mi actitud frente al pecado ha cambiado; me siento diferente, pues en vez de ser alguien sin futuro soy alguien con futuro.
3. CON MI ESPÍRITU
Antes: En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo (Efesios 2:12).
Hoy: Ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (Efesios 2:19).
¿Por qué? Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12).
De los cambios, éste es el que más me admira. Poder entrar a la presencia de Dios ya en sí es maravilloso, pero poder llamarle Padre es algo difícil de comprender en toda su extensión. Con razón tenemos la ayuda del Espíritu Santo para poder hacerlo (Romanos 8:26; Gálatas 4:6). De extranjero a hijo, ¡qué cambio maravilloso!
COMPRENDIENDO EL CAMBIO
Queremos ahora llevarlo a examinar más de cerca cómo se efectuaron estos cambios y le pediremos que conteste la pregunta: Si Dios hizo esto por mí, ¿qué debo hacer yo?
1. EL CAMBIO JURÍDICO
El cambio de condenado a perdonado exigía que una deuda fuera pagada. ¿Qué tan grande fue la deuda? ¿Quién la pagó? Las respuestas a estas y otras preguntas usted ya las sabe, pero, ¿cada cuándo medita en ellas? Meditar en ellas es tratar de comprender este cambio, meditar trae como consecuencia gratitud, alabanza y adoración. Para que usted pueda meditar en esto, Dios ha querido que nos reunamos en una fiesta instituida por Cristo poco antes de ser crucificado, en ella pide a los suyos: Haced esto en memoria de mí (Lucas 22:19). Los primeros creyentes tenían esto como el principal y tal vez el único motivo que los reunía cada primer día de la semana. Buscaban comprender mejor lo que habían recibido por Cristo, y al comprenderlo, adorarle.
2. EL CAMBIO MENTAL
El cambio que Dios hizo en cuanto al futuro, necesitó del poder de Dios para efectuarse. El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros (Romanos 8:11). Una fuerza produce una acción. Es de notarse que lo primero que hicieron los que aceptaron a Cristo el día de Pentecostés fue bautizarse (Hechos 2:41). Cuando se ha comprendido el cambio que la Biblia compara con "resurrección", se deseará mostrarlo, y Dios quiso que esto se hiciera por medio del bautismo que simboliza la muerte al pecado y la resurrección a una vida libre del pecado (Romanos 6:3-14).

3. EL CAMBIO AMBIENTAL
Si ahora ya no es extranjero, sino hijo, es porque un amor lo aceptó (Efesios 1:5,6). Un amor debe ser correspondido. Corresponder es comunión, es confianza, es obediencia. ¿Cuántos minutos de cada día pasa usted en comunión con su Padre? ¿Le cuenta todo lo que le pasa? ¿le pide todo lo que anhela? ¿Se interesa en conocer cuál es la voluntad de su Padre para así obedecerla? Dos prácticas que también nacieron desde Pentecostés son algunas de las que cubren estos propósitos: la oración y la lectura de la Biblia (Hechos 2:42).
Si usted ha comprendido verdaderamente el cambio que tuvo lugar cuando creyó en Cristo, buscará la ocasión para confesarle en el bautismo, sentirá la necesidad de partir el pan y tomar de la copa en memoria de él junto con sus hermanos; también la oración y la lectura sistemática de la Biblia serán actividades diarias para usted.
Esto también tiene otro propósito, como veremos a continuación:
MANTENIENDO EL CAMBIO
Lo que hemos llamado cambio jurídico es, como ya hemos dicho, un cambio permanente. No hay factor que pueda alterar nuestra condición de perdonado frente a Dios. No podemos perder la salvación. Sin embargo, los otros cambios que hemos mencionado sí piden nuestra atención constante, pues hay muchos factores adversos que estancan nuestro progreso o arrebatan nuestra felicidad. Así, pues, si queremos que el cambio que Dios operó en nosotros continúe, debemos cuidar algunos aspectos de nuestras vidas.
Mi amor. Muchas cosas tratarán de robar el lugar que Dios debe tener en mi vida. La mejor manera de impedir que algo se interponga entre dos que se aman es cuidar que la comunicación entre ambos no disminuya. El mejor lugar para sentir la presencia de Dios es alrededor de su mesa. Cuando Cristo instituyó la "Cena del Señor", él pensaba en esta necesidad. Al hacer memoria de nuestro Salvador, nuestro amor se agiganta, y se profundiza, la comunión se hace más estrecha, y no sólo esto, pues a la mesa estoy con mis hermanos, todos hijos de un mismo Padre, y la comunión con mis hermanos también crece. Amando a mis hermanos comprendo mejor el amor de Dios, y si el amor de Dios llena mi vida, ¿qué otro amor puedo desear?
Mis oídos. Muchas voces tratarán de distraer mi atención. ¿Cómo podré distinguir de entre ellas la voz de Dios? Sólo hay una forma segura: tengo que conocerla tan bien que podré identificar aun la más perfecta falsificación. Esto se logra leyendo la Biblia con oración. La Biblia es la palabra verdadera de Dios y el Espíritu Santo es el maestro perfecto. Debo orar que al leer la palabra, él me enseñe.
Mis labios. ¡Cuántas palabras dichas sin pensar han frustrado el progreso del creyente que las dijo! Las críticas, los chismes, los enjuiciamientos, son las zanjas donde mis labios pueden tropezar. Para librarme de ellas, Cristo da una orden: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo (Marcos 5:19). Si mis labios están ocupados en los negocios de mi Maestro, no podrán salir de ellos palabras vanas.
Mis pies. Quedarme en casa, sin nada que hacer, es invitar a Satanás a que me dé una ocupación que no será de ningún provecho para mí. ¿El remedio? Salir, ocuparme en algo: hay enfermos que visitar, tristes que consolar, necesitados que socorrer. Dios nos da mucho que podemos compartir.
Hay muchos peligros más, pero la obediencia a las órdenes de Dios es siempre la mejor forma de escapar de ellos.
APROVECHANDO EL CAMBIO
Dios le ha abierto la puerta a una vida nueva, usted tiene que aprovechar esta oportunidad. ¿Qué va a hacer?
Usted tiene que crecer, tiene que progresar. Su amor hacia aquel que lo perdonó será el impulso, la obediencia a su Padre el camino, y el Espíritu de Dios, que ya mora en su corazón, la fuerza.
Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1 Tesalonicenses 5:23
Buenas Noticias. Serie 2.

Desconocemos al autor: pero rogamos a Dios le Bendiga por su ayuda mebi.
Publicado por Desconocido @ 16:17
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