LA Biblia se distingue de otros libros en que, al leerla, inmediatamente estamos conscientes de otro mundo, distinto al nuestro: un mundo invisible donde mora Dios, de donde nos habla y de donde vino Cristo cuando fue hecho carne y habitó entre nosotros.
Un consejo: para no desmayar y para poder soportar tribulaciones, debemos vivir: No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas (2 Co. 4:18). Lo que se ve pertenece al tiempo y dejará de existir; lo invisible pertenece a la eternidad y permanece para siempre.
Al escribir sobre grandes épocas debemos señalar cuál es nuestro punto de vista. Si nos interesara la política, la economía, la ciencia o el arte, escogeríamos otras épocas, pero nos interesa la comunicación entre los dos mundos ya descritos. Las grandes épocas que veremos son etapas en la revelación de Dios al hombre. Dios no reveló toda su verdad a Adán, ni a Moisés, ni a David, ni a Isaías. Estando en este mundo nuestro Señor dijo a sus discípulos: Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad..., y os hará saber las cosas que habrán de venir (Jn. 16:12,13).
Lo que veremos, para unos es historia sagrada, aunque tal vez es mejor llamarla historia de la salvación o de la redención. Las épocas que estudiaremos también se llaman dispensaciones. Invitamos al lector a observar lo que Dios ha revelado al hombre. Saber lo que Dios ha hecho en el pasado y cómo lo ha hecho, nos pondrá en mejores condiciones para comprender lo que nos quiere decir hoy. Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (Heb. 1:1,2).
EL PERIODO DE INOCENCIA
Por supuesto, la historia humana no comienza con la creación del universo, aunque debemos agradecer que un universo tan grande fuera creado para morada y deleite del hombre. En otros números de esta serie se puede leer sobre la creación del universo y del hombre; aquí queremos observar los privilegios y la conducta de los primeros seres humanos. En un estado de inocencia, sin naturaleza pecaminosa, Adán y Eva vivían en un ambiente perfecto, sin enfermedades, dolores ni circunstancias adversas. Disfrutaban comunión con su Creador y plena libertad, salvo una prohibición: podían comer de todo árbol del huerto menos del árbol de la ciencia del bien y del mal (Gn. 2:16,17). Este mandamiento ponía a prueba su lealtad y obediencia. Se les permitió lo máximo y se les prohibió lo mínimo. Se les advirtió cual sería el resultado de la desobediencia, pero sucumbieron ante el tentador, y el Creador Santo y Justo tuvo que expulsarlos del paraíso. Así terminó la primera etapa de la historia humana.
En cada época que analizamos hay cosas exclusivas para esa etapa y otras que permanecen hasta el día de hoy.
Mandamientos exclusivos para esa época: (1) Dieta vegetariana. Los vegetarianos de nuestros días no deben defender su costumbre diciendo que Génesis 1:29 les permite sólo comer verduras. (2) Labrar el jardín. (3) Prohibición de comer de un árbol.
Cosas que permanecen: (1) Llenar la tierra y sojuzgadla. (2) Señorío sobre el reino animal. (3) Institución del matrimonio.
BAJO EL CONTROL DE LA CONCIENCIA
Dios vistió a sus criaturas con túnicas de pieles de animales que tuvieron que morir. Les enumeró los dolores y las penas que pasarían, pero les dio también la promesa de un Redentor (Gn. 3:15). Sin leyes escritas ni gobierno establecido eran responsable de seguir lo bueno y abstenerse del mal. Durante más de quince siglos la tierra se llenó de violencia y corrupción. Reinó el pecado a tal grado que Dios tuvo que destruir la raza humana salvando sólo a Noé y su familia del juicio del diluvio universal.
Instituciones de tiempo limitado: Sacrificio de animales.
Cosas que perduran hasta hoy: (1) La voz de la conciencia. (2) Dolores de parto. (3) Sujeción de la mujer a su esposo. (4) Espinas y cardos, sudor en el trabajo. (5) La muerte física.
LA DISCIPLINA DE GOBIERNO HUMANO
Después del diluvio Dios introdujo un nuevo principio. Dio al hombre autoridad y responsabilidad de gobierno. El malhechor sería castigado por su culpa hasta con la pena de muerte. La vida del hombre sería sagrada (Gn. 9:5,6). Noé, el primero en ejercer esa autoridad demostró que no era capaz ni de gobernarse a sí mismo (Gn. 9:21). La autoridad corrompió al hombre y bajo la tutela de Nimrod, la raza se unió en rebelión contra Dios (Gn. 11:4). Pero Dios intervino, confundiendo el lenguaje para esparcirlos sobre la faz de la tierra.
Instituciones de tiempo limitado: Sigue el sacrificio de animales (Gn. 8:20).
Lo que perdura: (1) Inclusión de carne en la dieta del hombre. (2) Gobierno humano. (3) El arco iris, señal de que Dios no volverá a destruir la tierra por agua. (4) Los ciclos del campo. (5) Cuatro estaciones en el año.
EL CAMINO DE FE
Se formaron grupos humanos: tribus, clanes y naciones, sobresaliendo los imperios de Egipto y Mesopotamia. Nació el orgullo de raza, egoísmo, desprecio al extranjero, etc.
Dios escogió a un hombre, Abran, para fundar una familia y luego una nación que andaría por fe. Abran recibió muchas promesas y un pacto incondicional que ha sido y será aún cumplido literalmente (Gn. 12:1-3). Otras promesas tenían como condición la fidelidad y obediencia: Anda delante de mí y sé perfecto (Gn. 17:1). Estas condiciones fueron violadas. Conocemos a Abraham como el padre de la fe, pero su fe no fue perfecta, ni la de los patriarcas que le siguieron y pronto los hebreos se encuentran dudando de Dios y esclavos en Egipto, gimiendo de dolor y angustia.
Promesas limitadas: (1) Riqueza material (Gn. 13:2). (2) La tierra de Canaán a Israel (Gn. 13:15). Es absurdo que gentiles lean estas promesas y busquen aplicárselas.
Promesas ilimitadas: (1) Bendeciré a los que te bendijeren (Gn. 12:3). (2) Serán benditas en ti todas las familias de la tierra (Gn. 12:3; 22:12,18; Gá. 3:8,16).
"BAJO LA LEY"
Habiendo sido librados de Egipto por sangre y por el poder de Dios, nace una nación a la cual Dios le da leyes justas en el desierto de Sinaí. En vez de buscar perdón y misericordia el pueblo arrogantemente dice: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos (Éx. 19:8). Recibieron leyes escritas. Además de los diez mandamientos había leyes para cada detalle de la vida. Había sacrificios, ofrendas, fiestas, sacerdocio, descanso obligatorio, leyes laborales y sanitarias. Esteban resume esto muy bien en su discurso cuando dice: Vosotros... recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis (Hch. 7:53).
Añadió a su incumplimiento de la ley el rechazar la teocracia y exigir un rey. Teniendo rey, se dividieron en dos reinos, practicaron la idolatría y castigados por esto, fueron removidos de la tierra prometida. Después de setenta años unos regresaron del cautiverio, pero, aunque dejaron la idolatría, sustituyeron con el formalismo y la insinceridad, la obediencia de corazón. Obedecían la letra y no el espíritu de la ley. Cuando llegó el Mesías, lo rechazaron, crucificándole en un madero. Dios volvió a removerlos de su tierra esparciéndolos entre las naciones y la puerta de gracia se abrió a los gentiles (Hch. 28:26-28; Ro. 11:7-10).
Aplicaciones exclusivas a Israel: (1) Guardar el sábado (Éx. 31:16,17). (2) Leyes dietéticas. (3) Ritos, ceremonias y fiestas. (4) Sacerdocio levítico.
Aplicación universal: (1) Todo lo que le pasó a Israel fue escrito para nuestra enseñanza (Ro. 15:4; 1 Co. 10:11). (2) Cristo, el Mesías prometido y Cordero de Dios que quita el pecado del mundo vino de esta nación, nació bajo la ley para que redimiese a los que estaban condenados por la ley (Jn. 1:29; Ro. 9:5; Gá. 4:4).
"LA GRACIA QUE ES EN CRISTO"
Después de la muerte y resurrección de Cristo, Dios puso a Israel a un lado y, en las palabras de Jacobo ante el concilio de Jerusalén, visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre (Hch. 15:14).
Desde entonces, Dios ha estado tomando a individuos, judíos y gentiles sin distinción, para crear de los dos un solo y nuevo hombre que se conoce como el cuerpo de Cristo, la esposa del Cordero, la iglesia de Dios, etc.
Esta época se caracteriza, no por guardar la ley, sino por la predicación del evangelio de la gracia de Dios. La condición para obtener la salvación es aceptar a Cristo como Salvador y servirle como Señor. La condenación viene por rechazarle.
Gran parte del mundo es indiferente al mensaje del evangelio; otros se oponen con violencia, pero algunos responden con fe y gratitud. La iglesia que lleva el nombre de Cristo le ha sido infiel. Los que en verdad son de Cristo serán arrebatados muy pronto para estar siempre con el Señor (1 Ts. 4:13-18); la iglesia que quedará sobre la tierra ha sido descrita como: La madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra (Ap. 17:5) y su juicio será terrible (Ap. 17,18).
UN REINO DE JUSTICIA
Las escrituras proféticas nos indican que después de una gran tribulación Dios restaurará a un remanente fiel de Israel y Cristo vendrá con su iglesia para reinar por mil años sobre la tierra. Satanás será atado en el abismo para que no engañe a las naciones. Israel será principal entre las naciones de la tierra, la naturaleza dejará de gemir, la corrupción, opresión y sufrimiento desaparecerán; habrá prosperidad y longevidad universal. Pero, al fin de mil años, Satanás será suelto de su prisión, engañará a las naciones y las reunirá para una batalla final en contra de Dios, quien las consumirá con fuego (Ap. 20:1-10).
"PARA QUE DIOS SEA TODO ENTODOS"
Pensemos en el momento cuando todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos (1 Co. 15:28).
El último capítulo de la Biblia describe condiciones maravillosas: un mundo donde no habrá más maldición, una ciudad donde estará el trono de Dios y del Cordero y donde sus siervos le servirán (Ap. 22:3). Esta bendición puede ser suya, amigo lector, si acepta el evangelio de la gracia de Dios. La alternativa es terrible: Pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder (2 Ts. 1:9).
Para Ud., ¿cómo será la etapa final?
Desconocemos el autor (s). Pero damos gracias a Dios por este excelente trabajo, para los autores Números 6:24-26