domingo, 13 de enero de 2008
TRES FACTORES IMPORTANTES
Si pensamos que la salvación que Dios ofrece al hombre es un contrato, cabe preguntar: ¿Qué garantiza la seguridad de un contrato?
Pensando en los convenios y contratos que se formalizan entre hombres e instituciones, podemos destacar los siguientes tres factores. Analicemos cada uno de ellos:
1. EL FIADOR
Dios nos ofrece la salvación sobre la base de que su Hijo, Jesucristo, murió por los pecados del hombre y sufrió la justa paga por ellos. Es, con base en esto que Dios puede declarar sin culpa al hombre, pues los pecados que son perdonados y borrados para el hombre, fueron juzgados y condenados en Cristo cuando él murió por ellos en la cruz del Calvario.
El contrato se apoya en las acciones de Dios y recordamos que:
Dios es eterno. El contrato no caducará por su deceso.
Dios es inmutable. No cambiará de opinión ni modificará en algo su contrato.
Dios es Todopoderoso. No será vencido por otro y por lo tanto, nadie romperá el contrato ya firmado.
2. LOS CONVENIOS
Al estudiar las promesas de Dios que ofrecen salvación, muchas veces leemos el “si” condicional. Veamos algunos casos:
Si confesares..., serás salvo (Romanos 10:9).
Si... permaneciereis en mi palabra..., la verdad os hará libres, (Juan 8:31,32).
Si andamos en luz...tenemos comunión...y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7).
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar (1 Juan 1:9).
Si retenéis la palabra..., sois salvos (1 Corintios 15:2).
Todo esto es razonable, pues Dios no da su salvación a todos, sino a todo aquel que CREE (Juan 3:16). La vida eterna es para las ovejas que OYEN su voz y le siguen (Juan 10:27,28). Acepta como discípulo sólo a aquel que renuncia a TODO lo que posee (Lucas 14:33).
Pero notemos que las condiciones se refieren a actos únicos con los que inicia mi relación con Dios: creer, oír, renunciar; y que Dios mismo me dará todo lo necesario para que éstos continúen, crezcan y se enriquezcan.
3. LOS FIRMANTES
Lo diferente de este contrato con todos los demás que el hombre hace, es que el que da y el que recibe, después de haber sellado el contrato, ya no son dos sino UNO (Juan 17:21). Además, por si no entendiéramos esta verdad, hay promesas como las siguientes:
No perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano (Juan 10:28).
Por lo cual puede... salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos (Hebreos 7:25).
Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte,... ni principados, ni potestades,...ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 8:38,39).
Aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría (Judas 24).
También cabe la pregunta: ¿Permitirá Dios que se pierda algo que compró a tan grande precio? ¡No!
Cierto, no estamos libres de que por nuestro orgullo o testarudez alguna vez pequemos, pero ante esta circunstancia leemos:
El Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.. para que participemos de su santidad (Hebreos 12:5,10)
DOS PUNTOS DE VISTA
Examinemos la seguridad de nuestra salvación desde dos puntos de vista:
1. El de Dios, quien promete mi salvación.
Desde este punto, hemos de concordar que tiene que ser segura. Su justicia, su verdad, su amor, etc., son bases más que suficientes para asegurarnos esto.
2. El mío, que gozo la salvación.
Ciertamente la Biblia marca que he de comportarme con temor (Filipenses 2:12; Hebreos 12:28; 1 Pedro 1:17). Pero este temor nos habla de la relación siervo-Señor, que nunca debemos perder de vista.
Otros pasajes de la Biblia hablan de verdades que pudiéramos interpretar erróneamente:
Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará (Juan 15:2).
No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará (Romanos 11:20,21).
Así que, yo de esta manera corro,...no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado (1 Corintios 9:26,27).
No debemos perder jamás la idea de que nuestra salvación es por gracia (1 Pedro 1:13). Es un error pensar: Ya confesé mis pecados, ya acepté a Jesucristo...ya soy salvo, nada más importa.
En mi actitud frente a mi salvación no debe haber nada que signifique que Dios está comprometido conmigo y tiene que salvarme. La mentalidad de Pablo es muy recomendable: De esta manera corro... Sé que soy salvo, pero corro como si mi vida entera dependiera de mi correr. Correr de otra manera es dar lugar a la flojera, es dar lugar al diablo. ¡Busquemos esta actitud triunfadora!

COMENTARIOS ADICIONALES
Algunos textos de la Biblia son difíciles de comprender en este contexto. Comentaremos algunos de ellos: Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio (Hebreos 3:14).
Muchos versículos hablan, como éste, de hacer algo hasta el fin. Perseverar (Marcos 13:13); Retener la confianza (Hebreos 3:6); ser fiel (Apocalipsis 2:10). Todos ellos pueden relacionarse con la respuesta indispensable que Dios pide del hombre ante sus promesas: FE (Hebreos 11:6). La pregunta puede ser: ¿Dejaré alguna vez de tener fe? A esto respondemos: No, porque Dios está probándola y alimentándola y ha mandado a su Espíritu a morar en nuestros corazones (Hebreos 10:39). Por otro lado, si pierdo la salvación porque dejo de hacer algo, ya no será por gracia, sino por obras, y por obras no puede ser.
El pasaje de Hebreos que nos ocupa (3:6-4:13) tiene como palabras claves: fidelidad e incredulidad y las relaciona con: oír y obedecer, que son el antecedente y la consecuencia de la fe (Romanos 10:17; Santiago 2:18). La lección central es, pues, que hemos de mantener nuestra fe en Dios. Recomendamos leer 1 Pedro 1:3-9, para aprender algo más sobre la importancia de la fe y cómo Dios nos ayuda a mantenerla viva y fuerte.
Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,... y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios (Hebreos 6:4,6).
Lo que este pasaje dice es cierto, pero, ¿quién hará tal cosa? La Biblia guarda un equilibrio en pasajes como estos, pues a pocos versículos dice:
Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así (Hebreos 6:9).
Aquí la palabra clave es esperanza y nos habla de ella como un ancla segura (v. 19), y ésta se basa en dos verdades: la inmutabilidad de Dios y la presencia de Jesucristo ante el trono de Dios (vs. 17,20).
La lección es que, aunque tenemos promesas inmutables, estas fueron conseguidas a gran costo: la cruz de Cristo. No podemos tomarlas con ligereza ni jugar con ellas.
Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados (Hebreos 10:26).
El pecado voluntario ya no será perdonado. Esto puede relacionarse con 1 Juan 5:16: el pecado de muerte, y, en general, con el tema de la apostasía. No podemos negar que habrá hombres que habiendo recibido el conocimiento de la verdad opten por abandonar el camino de la salvación y le den las espaldas a Cristo. Pero no hay bases firmes para creer que el apóstata pertenecía antes a la iglesia de Cristo. El apóstol Juan lo pone claro:
Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros (1 Juan 2:19).
Salieron implica que estaban dentro. Nosotros implica identificación con Juan y los demás creyentes. Sin embargo, el mismo párrafo dice: No eran de nosotros y explica: No todos son de nosotros.
Dos parábolas del Señor nos pueden servir de ejemplo:
La semilla de mostaza (Mateo 13:31,32). Las aves del cielo parecen ser parte del árbol, sin embargo cuando el árbol es sacudido (por persecución) las aves se van.
La levadura (Mateo 13:33). En la masa batida, levadura y harina parecen ser uno, pero, después de pasar por el horno (la prueba) sólo queda el pan que es la harina cocida.
Resumamos: la apostasía nace del rechazo de la fe (1 Timoteo 4:1) y la lección que debemos aprender es que hemos de examinar si estamos en la fe (2 Corintios 13:5), fundarla en el poder de Dios (1 Corintios 2:5), dejarla crecer (2 Tesalonicenses 1:3), mantenerla (1 Timoteo 1:19) y estar firmes en ella (1 Corintios 16:13).

CONCLUSIÓN
Ante las preguntas: ¿Puedo algún día dejar de merecer la gracia de Dios? ¿Puedo quedar fuera de su plan de salvación? Hay dos respuestas:
Si respondemos NO, le estamos restando a Dios su soberanía. Dios está en completa libertad de hacer conmigo lo que le plazca.
Si respondemos SÍ, le estamos restando su omnipotencia, pues Dios es capaz de guardarme en su camino y enseñarme obediencia a través de la disciplina.
He de pensar que mi salvación es segura, y ello ha de motivarme a gratitud y alabanza.
Pero, también, he de pensar que no soy merecedor de ella. Nunca podré decir que la he ganado. He de esperar por completo en la gracia de Dios. Esto ha de motivarme a servir en santidad y obediencia todos los días de mi vida.
Es sumamente importante guardar equilibrio. Caer en un extremo lleva a la indiferencia y en el otro a la inseguridad. ¡Quiera Dios que podamos apartarnos del error de ambos extremos!

Desconocemos el autor (s). Pero damos gracias a Dios por este excelente trabajo, para los autores Números 6:24-26

Publicado por asambleolmue @ 1:44
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Comentarios
Publicado por Invitado
jueves, 14 de febrero de 2008 | 18:45
como hase una para cree en la fe