domingo, 13 de abril de 2008
 

La Biblia me instruye no sólo a que crea en Dios, sino a que crea en Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. He de creer en un sólo Dios, y que en esa unidad perfecta hay tres personas.

Esta no es una doctrina absurda, como pretenden algunos. No es un dogma oscuro en la periferia de la fe y en pugna irreconciliable con la razón. Al contrario, es el mismo centro de la revelación bíblica que nos muestra un Dios único, eterno, personal, pero a la vez trino.

En el campo de la ciencia, al estudiar la luz, el hombre ha encontrado dos comportamientos diferentes (tal vez un día encuentre un tercero). Para interpretar los diferentes fenómenos, a veces se ha de considerar a la luz como onda y a veces como partícula. ¿Hay dos tipos de luz? No, y no le preocupa al científico esta dualidad en sus manifestaciones.

El drama que separa a los cristianos del pueblo judío, el Israel elegido de Dios, puede reducirse a la cuestión fundamental de que el Dios único es al mismo tiempo el Dios trino. Israel no quiere conceder que Jesús sea Dios porque teme que la fe en el Dios único pueda peligrar con ello. Jehová y Jesús serían dos dioses y el Espíritu Santo un  tercer dios, lo que destruiría la unidad divina. El mismo drama rige para Islam que siente horror de la Santísima Trinidad que afirma el cristiano.

Muchos filósofos han llegado a admitir la existencia de Dios, pero ellos opinarían que proclamar un Dios en tres personas entraña una recaída al politeísmo. La reflexión filosófica puede conducirnos a creer en un Dios único, pero jamás nos llevará a la Trinidad.

Podemos afirmar que Dios es trino únicamente sobre la base de revelación. Apoyarnos en otro fundamento sería el colmo de la insensatez. Al buscar a Dios llegamos rápidamente al límite de nuestra capacidad mental. Nos limitan conceptos como tiempo y espacio, cosas que no limitan a Dios. La existencia de Dios es un misterio, y misterio es la doctrina de la Trinidad, pero recordemos que Dios se deleita en revelar sus misterios al hombre humilde y obediente que se acerca a él con fe (Mateo 13:11).

Poner en duda la divinidad o la personalidad de una de las tres personas es perder el fundamento de nuestra fe. Volvamos a la Biblia para fortalecer nuestra fe en el misterio de Dios. Busquemos:

LA DOCTRINA EXPUESTA

1. La Biblia enseña que hay un solo Dios:

Jehová nuestro Dios, Jehová uno es (Deuteronomio 6:4).

Que te conozcan a ti, el único Dios verdadero (Juan. 17:3).

Pero Dios es uno (Gálatas. 3:20).

2. La Biblia enseña que tres personas poseen los atributos de Dios, a saber: eternidad, soberanía, omnipotencia, omnisciencia, justicia, santidad y gracia. También enseña que:

Al hablar, cada una de estas tres personas dice: "Yo".

Cada una recibe el título "Dios" (Hechos 5:3,4; romanos 1:7; 9:5).

Cada una recibe el título "Señor" (Mateo 11:25; Romanos 10:9; 2 Corintios 3:17).

Cada una aparece como Creador (Job 33:4; Isaías 45:18; Colosenses 1:16).

En la perfecta unidad que es Dios hay una eterna distinción entre tres personas. En forma concisa, esta es la doctrina de la Trinidad. La palabra "Trinidad" no se encuentra en la Biblia, pero la doctrina es parte de la Biblia entera como trataremos de demostrar en seguida.

LA DOCTRINA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

No descubriremos aquí enseñanza sobre la Trinidad –no la hay– sino una preparación para la revelación de este misterio.

Dios usa varios nombres al revelarse a los hombres. Uno de ellos es "Elohim" que aparece en el primer versículo de la Biblia. Lo encontraríamos si leyéramos este versículo en hebreo. Elohim es un nombre plural y con este nombre Dios inicia la revelación de sí mismo.

Hay muchos detalles en la gramática hebrea que apuntan hacia  la Trinidad de Dios. No están a nuestro alcance porque no hablamos ese idioma. Pero en castellano aparecen combinaciones interesantes de singular y plural cuya única explicación es que preparan el camino para la revelación de Dios trino:

Entonces dijo Dios (singular): Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza (plural) (Génesis 1:26).

Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros (Génesis 3:22).

Y dijo Jehová:... Ahora pues descendamos, y confundamos allí su lengua (Génesis 11:6,7).

Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré (singular), y quién irá por nosotros (plural)? (Isaías. 6:8).

Las manifestaciones visibles de Dios son sumamente interesantes de este mismo punto de vista. Una de las más notables es la que aconteció en Mamre (Génesis 18).

La historia nos narra que Jehová apareció a Abraham estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. Leemos que alzó los ojos y miró, y he aquí tres varones estaban junto a él. Lo importante es que Abraham vio tres hombres, pero adoró a un solo Dios (v. 3).

 

LA TRINIDAD EN EL NUEVO TESTAMENTO

1. En los evangelios sinópticos

Llámense así los de Mateo, Marcos y Lucas que presentan a Cristo como el Mesías prometido. El evangelio de Juan, que veremos más tarde, presenta a Cristo como el Hijo de Dios. No analizaremos todo el relato evangélico; nos limitaremos a dos incidentes:

El bautismo de Jesús (Mateo 3:13-17; Marcos 1:9-11; Lucas 3:21,22).

Cuando Jesús es bautizado por Juan el Bautista, el Espíritu desciende sobre él en forma corporal como de paloma y la voz del Padre proclama desde el cielo: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia (Mateo 3:17).

Los asistentes al bautismo de Jesús en el Jordán, no sólo oyeron la voz celestial sino que vieron descender en forma corporal parecida a una paloma, al Espíritu de Dios. Tal vez los escritores no trataban de probar la Trinidad al registrar este acontecimiento, pero no cabe duda que nos enseñan que Jesús es el Hijo amado del Padre y que una tercera persona de la Trinidad posó sobre él en su bautismo. La pluma de tres autores sagrados fue inspirada para darnos certeza de ello.

La orden de bautizar (Mateo 28:19).

Cristo declara que ha recibido poder de su Padre, conmina a los suyos a esperar la venida del Espíritu Santo y los envía por todo el mundo para hacer discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Notemos que no dice "los nombres" sino "el nombre" (otra vez la combinación especial de singular y plural) un nombre: tres personas.

2. En los escritos de Pablo

No podemos abarcarlos todos. Nos limitaremos sólo a algunos  pasajes. Es en Romanos 8 donde vemos la esencia de la doctrina trinitaria.

a) El Padre envía, para condenar el pecado en la carne, a su propio Hijo (vs. 3,32).

b) El Hijo es enviado por el Padre para redimir la creación (vs. 3, 19, 22, 23,32).

c) El Espíritu Santo es el Espíritu del Padre y del Hijo (vs. 9, 11,14).

Sin el Padre, Hijo y Espíritu Santo no hay vida cristiana auténtica. Ellos, los tres, son su manantial.

En las palabras finales a los fieles en Corinto, Pablo escribe con su propia mano: La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén (2 Corintios 13:14). La única posibilidad de salvación está en la gracia de nuestro Señor, el amor de Dios y la comunión o participación del Espíritu Santo. Leemos en Romanos 5:5 que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.

3. En los escritos de Juan

Juan escribe su evangelio con intenciones muy determinadas, se dirige a cristianos cuya fe está amenazada por dos errores: (1) El gnosticismo que niega que Cristo sea verdadero Dios. (2) El docetismo que niega que sea verdadero hombre. Por eso su evangelio, de un extremo al otro, declara que Jesús es Dios y al hacerlo afirma el diseño del Dios Trino.

Escogeremos unos pasajes donde el papel de las tres personas está expresado en forma clara: Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre (Juan 14:16).

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho (Juan 14:26).

Notemos que el Hijo ora al Padre y el Padre envía al Consolador.

Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre,... él dará testimonio acerca de mí (Juan 15:26).

Aquí el Hijo envía al Espíritu y es evidente que al hacernos conocer al Hijo habrá conocimiento del Padre ya que el que me ha visto a mí, (dice el Hijo), ha visto al Padre (Juan. 14:9).

Por lo limitado del espacio pasaremos sobre las epístolas de Juan y llegaremos hasta el último capítulo del Libro de Apocalipsis donde, ya culminada la historia de nuestra redención, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo se vuelven hacia nosotros en gracia infinita. La Trinidad bienaventurada invita a los hombres a un mundo de luz y santidad.

Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero (Apocalipsis 22:1).

<%-2>Si leímos con cuidado los versículos anteriormente citados del Evangelio según San Juan, no nos cabrá duda de que el río de agua de vida es el Espíritu de santidad que  procede del Padre y del Hijo. Él es el agua que fue prometida a la samaritana (Juan 4:14) y a la multitud en el templo cuando dijo el Señor: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él (Juan 7:37-39). El Padre y el Hijo son la fuente de donde mana este río de agua viva, pero más adelante leemos que el Espíritu y la Esposa dicen: Ven... Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente (Apocalipsis 22:17).

 

LA TRINIDAD EN LA VIDA CRISTIANA

Muchos creyentes saben que son de Cristo y se gozan en este conocimiento, pero su vida no es todo lo que debiera ser: hay debilidad donde debiera haber fuerza, hay derrotas en vez de cantos de victoria. No podemos vencer en nuestras propias fuerzas pero debemos exclamar con Pablo: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13). ¿Cómo podemos contar con esa fortaleza?

Presentamos una metáfora:

Tres hombres transitan por la zona residencial de una ciudad. Se detienen ante la misma casa y cada uno dice: "Es mía". Los tres están diciendo la verdad, pero en vez de pelear, siguen conversando armoniosamente. ¿Cómo puede ser esto?

El primero dice que la casa es suya porque él es el arquitecto que la diseñó. El segundo lo dice, porque él la compró y es el dueño. El tercero afirma que es suya porque es el inquilino que vive en ella.

Esta es una ilustración sencilla de la relación entre la Trinidad y el creyente: El Padre trazó un plan perfecto para cada uno de nosotros (Efesios 1:3-5). El Hijo nos redimió con su sangre (Efesios 1:7). El Espíritu Santo mora en nosotros (Efesios 1:13).

El creyente que sabe que fue escogido por el Padre, redimido por el Hijo y que es morada del Espíritu Santo, tiene el secreto de una vida fructífera y victoriosa. ¿Lo tiene usted?

 

Desconocemos el autor (s). Pero damos gracias a Dios por este excelente trabajo, para los autores Números 6:24-26

 


Publicado por Desconocido @ 1:41
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